La tiranía del pensamiento positivo – The tyranny of positive thinking

Estamos en una era en la que todo lo que suene “intensito” está mal visto. Todo tiene que ser ligero. Todo es relativo. Depende del punto de visto con que se mire. ¿Seguro? ¿Todo es relativo? ¿O te parece “muy” relativo cuando el problema es del otro y “no tanto” cuando es tuyo?

Creo que etiquetamos demasiado rápido a una persona como “negativa”. Nos cuenta algo dos veces que no suena “happy flower” y ya es tóxica. Estamos abusando de esta idea. El día que tú caigas enfermo, te encuentres desanimado u ofuscado en una idea poco útil, también querrás que los demás sean pacientes contigo. No todo depende de nuestra voluntad tanto como quisiéramos.

Las circunstancias son importantes, han ido forjando nuestro carácter. Las de nuestro pasado y las de nuestro presente. Y, sobre todo, estamos marcados por el temperamento con el que nacimos. Más de lo que nos gustaría.

NO TODO DEPENDE DE NOSOTROS (¡Ya quisiéramos!)

He oído decir a personas y especialistas a los que sigo y respeto mucho que los hechos exteriores son neutros y somos nosotros quienes decidimos el sentido (positivo o negativo) que le damos. ¿Es realmente esto así? Ciertamente muchos de los acontecimientos de la vida son neutros, seguramente la mayoría. Pero algunos no lo son. Algunos son claramente positivos o negativos. Otra cuestión es que trabajemos para digerirlo de la mejor forma posible.

Además, aunque un acontecimiento sea verdaderamente neutro, si tú tiendes a ver esa cuestión de forma negativa, esta tendencia no depende tanto de tu voluntad. El optimismo y el pesimismo corre generalmente por las venas de las familias. Observa a tu alrededor. Muchos padres con una tendencia depresiva, tienen hijos que suelen ver el vaso medio vacío. Muchos padres emprendedores, suelen tener hijos a los que les gusta el riesgo y salen con más facilidad de su zona de confort. ¿Es esto por la educación que han recibido? Seguramente en parte sí. Pero no puede deberse solo a la educación. La biología demuestra cada vez más que el peso de la genética es muy fuerte.

“Seguramente, un hombre puede hacer lo que quiere hacer; sin embargo, no puede determinar lo que quiere”

A. Schopenhauer

Además, afirmar que TODO está en nuestro interior, niega de plano nuestra condición básica como seres humanos. El ser humano es ante todo un animal social. No sobrevive fuera de la sociedad. Nadie puede desarrollarse, y menos vivir una vida feliz, completamente aislado, alejado de los demás. Vinimos aquí para cuidar y ser cuidados.

Sobre esta cuestión, me gusta mucho el enfoque B. Russell, acerca de la vida activa. No hay nada más peligroso para la estabilidad emocional que quedarse absorto en uno mismo y no tomar acción.

Cuando alguien está sufriendo o tiene ansiedad, incertidumbre, resulta cruel decirle que todo depende de ella, de su voluntad, que todo lo que le ocurre es solo responsabilidad suya.

Además de cruel, es que es falso. Todos nos sentimos muy diferentes según con quien andemos o tengamos la salud. No es lo mismo que tengas un compañero de trabajo colaborador que otro que no. Puedes sobreponerte y seguir haciendo lo que tienes que hacer. Pero dentro del primer escenario te sientes mejor. A todos nos ha cambiado algo el día una anécdota graciosa o, al contrario, una respuesta grosera sin venir a cuento.

Muchas veces cuando escuchamos lo de que todo está en nuestra voluntad, estas palabras vienen de personas que, o bien ya vienen equipadas con una genética optimista que les predispone a crecerse ante las adversidades, o bien están en un momento de tranquilidad y estabilidad en sus vidas, han parecido encontrar su camino.

Nos dicen que somos el resultado de la interacción de las 5 personas con las que más tiempo pasamos. Y a la vez sostienen que todo está en nuestro interior… Ambas cosas no pueden ser ciertas.  Si todo depende de nosotros, entonces en nada nos afecta cómo sean las personas con las que convivimos o con las que nos cruzamos.

El desprecio de la biología y los síntomas orgánicos

No es lo mismo que te duela la cabeza que que no. Obvio, ¿no?

El desprecio de los síntomas biológicos es bastante frecuente en algunos psicólogos incluso en algunos psiquiatras. ¿Por qué sostengo esta idea?

Justo después de la toma de determinados medicamentos para una infección (era un tipo de antibióticos junto con unos antivirales) empecé a tener unas crisis de angustia tremendas. Nunca había sufrido algo así. Me ahogaba en el coche. Me sentía como presa de mi propio cuerpo. Horrible. Un día a las 5 de la mañana desperté a mi pareja para pedirle que me acompañara a pasear a la calle. No aguantaba más dentro de la casa.

Consulté al médico, a un psiquiatra y a un psicólogo: crisis de angustia. El psiquiatra me recetó unos tranquilizantes que no tomé y el psicólogo, que tenía que vivir la experiencia, que todos vivíamos sensaciones similares pero que no nos obsesionábamos. ¿En serio? Yo no había vivido nada similar a eso en mi vida. Ni lo he vuelto a vivir. Aquello era verdaderamente insoportable. Sentía claustrofobia dentro de mi propia piel.

El psicólogo me decía que si había algún pensamiento que me lo había detonado… No me lo detonaba ningún pensamiento. Más bien era al contrario. Me venía esa extraña sensación corporal y entonces empezaba a pensar “en negativo”. Pero la sensación corporal iba primero.

No me creían.

Aquello duró varias semanas. Fue dejar de tomar los medicamentos que te cuento y, también, subirme el número de plaquetas (que me habían caído fulminantemente por la toxicidad de un tratamiento antiviral) y esas experiencias tan angustiantes desaparecieron.

Después he tenido ansiedad, debido en gran parte a la menopausia inducida por la quimioterapia. Pero nunca una crisis de angustia de ese calibre.

Que la enfermedad te dure lo justo

Imaginemos ahora a alguien que acaban de diagnosticarle una enfermedad complicada. A su alrededor todo el mundo le dice lo fuerte que es, que lo va a conseguir…

Hace poco, en la investidura de nuestro actual presidente del gobierno, a una diputada a la que acababan de diagnosticar le entregaban hasta un ramo de flores al acabar y todos le aplaudían al grito de “sí se puede”. Yo le dije en voz alta a la televisión: “amiga, ojalá te sea leve y corto. La mayoría de los que ahora te aplauden, si luego la enfermedad no se resuelve pronto, o, peor, recaes, insinuarán que te has “instalado en el victimismo”, que “todos tenemos problemas de salud”… “Hay que ser positivo”.

Incluso algunos llegarán a sugerir que si sigues enferma es porque secretamente lo has deseado. Te hacen sentir culpable. ¡No quieres vivir lo suficiente!

Es la tiranía del pensamiento positivo.

Todo está a la alcance de nuestra mente.

¿De verdad? ¿O realmente lo que está al alcance de nuestra mente es verdaderamente poco?

La vida es en sí misma un gran misterio. Como te cuento por propia experiencia, la psicología, muy útil en muchas ocasiones, falla a veces al tratar con personas con enfermedades graves. Se defiende sin pestañear (y estoy de acuerdo) lo de “mente sana en cuerpo sano”. Que hagamos deporte y cuidemos nuestra alimentación, que sintiéndonos bien por fuera conseguiremos sentirnos mejor por dentro…

Si aceptamos esta idea, ¿por qué no entendemos también lo contrario? Un cuerpo enfermo predispone en algunos momentos a una mente enferma. Así de simple. Quien no tiene salud, quien en ese momento ve peligrar su vida, no está en una situación que pueda gestionar tan fácilmente. Puede ser (o hacerse, la mayoría de veces) el fuerte. Pero será fuerte porque no tiene más remedio. Quiere sobrevivir. Pero eso no significa que esté bien. Si aceptamos que un cuerpo sano ayuda a una mente sana, entendamos también que un cuerpo enfermo complica que la mente siga sana, y mucho.

Esto no quiere decir que alguien enfermo no pueda estar bien. Claro que puede estarlo. Y cuando se sienta feliz seguramente experimentará un bienestar muy intenso. El de quien valora cada pequeña cosa de la vida.

No torturemos a las personas que están atravesando un grave problema de salud con ideas “positivas” que les añadan encima culpabilidad por no estar haciendo “mentalmente” lo que se supone que tienen que hacer. Como diría mi madre:  “que bien le habla el médico al enfermo”. En los momentos de gravedad, las personas necesitan distracción, entretenimiento, pero no hacerles sentir que están sufriendo por nada.

¿Tienes algún problema de salud y te has encontrado con estos comentarios? ¿Cómo has respondido?

2 comentarios en “La tiranía del pensamiento positivo – The tyranny of positive thinking

  1. ¡Hola, Victoria!
    Por casualidad me tropecé ayer con tu blog y me parece que tocas temas muy interesantes y que poca gente trata desde tu perspectiva.
    Estoy totalmente de acuerdo con lo que expones en está entrada. Creo que últimamente existe una positividad muy tóxica en la que parece que si estas enfermo es porque quieres o no pones mucho de tu parte. Te sueltan una frase del Principito y el “si quieres puedes” y ya no te dan opción de más.
    Es horrible vivir en una sociedad donde las emociones o problemas hay que ocultarlos para que no te tachen de débil y brille más la apariencia que las personas. Nosotros no decidimos cuando llegan las enfermedades y cuando se van, nadie quiere estarlo y cuando duran un poco más de una semana, la gente va desapareciendo incómoda sin saber que decir que no sea una frase aprendida en las redes sociales o sacada de algún libro.

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